Los Molinos del Río
Sobre el azud, los peces se empeñan en saltar, contra corriente, por subir hasta el
"golgo" serenísimo. La lámina del agua cae veloz y transparente por la pulida, inclinada
piedra. Luego se ve la espuma acuchillada -hacia arriba- unos instantes por escamas de
acero y agallas en tensión, hasta caer de nuevo los peces, ya sin fuerza y sin gracia, no
vencidos que el tránsito intentado continúa, insistente, en las tardes tan largas de verano.